El Museo Romano Oiasso de Irun acogerá esta tarde, a partir de las 19.00 horas, una conferencia en la que el escritor Luis Antonio de Villena disertará sobre 'La visión de la homosexualidad en la antigüedad grecolatina' y sorprenderá al público con apuntes históricos de gran interés
DONOSTIA. Luis Antonio de Villena aportará datos que a muchas personas les sorprenderán como, por ejemplo, que la pederastia de la Grecia antigua nada tenía que ver con lo que actualmente se entiende por ese término.
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Durante su exposición, además, recordará que un término como "homosexual", que hoy está totalmente asumido, no existía en aquella época. Los hombres que mantenían relaciones con personas de su mismo sexo eran, en principio, bisexuales que nunca fueron criticados por sus prácticas. Esa tónica de libertad duró unos diez siglos, desde la Grecia antigua y hasta la Roma de Constantino, pues cuando el cristianismo se convirtió en la religión oficial, el concepto de pecado dio al traste con todo.
¿Cabe señalar, por tanto, que hubo una libertad mucho mayor en el periodo antiguo?
Se puede decir que el mundo grecorromano tenía pocas libertades en el ámbito político porque, por ejemplo, el emperador romano era un dictador. Sin embargo, en el terreno de la moral lo que hacía el ciudadano libre era cosa de él. Y estoy hablando sólo de los ciudadanos libres, porque los esclavos no tenían ningún tipo de derecho. En el mundo moderno, en cambio, ocurre lo contrario: hay más libertades en el mundo político y menos en el ámbito de la moral.
Pero esa libertad en el terreno sexual no sería igual para hombres y mujeres.
Efectivamente, el sexo fue algo muy libre en el mundo romano, pero en el caso de los varones. En la sociedad antigua -es algo que ha ocurrido hasta hace bien poco-, las mujeres cumplían un papel secundario, matriarcal. Estaban relegadas al hogar y a la creación de una familia. Aunque en la Grecia antigua puede destacarse el caso del mundo primitivo de Lesbos, donde cuentan que había una sociedad de mujeres que vivían aparte y que, al parecer, mantenían relaciones. De todos modos, se ha discutido mucho en torno a qué tipo de relaciones mantenía Safo de Lesbos con sus alumnas...
En la mitología y la historia de Grecia y Roma aparecen numerosos ejemplos de dioses y personajes que mantenían relaciones homosexuales.
Sí, en la religión más clásica, la capitolina, donde los dioses más importantes eran Jupiter, Juno y Minerva, había muchos amores homosexuales. Jupiter y Apolo, por ejemplo, tenían relaciones con personajes de su mismo sexo. No era un tema en absoluto conflictivo porque la homosexualidad en el mundo grecorromano nunca fue condenada. Eso sí, no estaba bien visto el exceso, que podía suscitar la burla hacia personajes conocidos, como Julio César, que era un hombre muy promiscuo e iba mucho con hombres mayores. De él se dijo que César era el marido de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos. Y hubo otros personajes reales que fueron claramente bisexuales, como el emperador Adriano, que divinizó a su amante Antinoo, que murió ahogado en el Nilo, o Alejandro Magno, que al menos tuvo un amante oficial, Hefestión.
Curiosamente, su condición sexual nunca sirvió para poner en entredicho su virilidad.
En absoluto. Jamás se puso en duda la virilidad de personajes como César o Alejandro, que fueron grandes guerreros y ganaron grandes batallas. La imagen del homosexual de entonces nada tenía que ver con la figura del gay afeminado. Quienes mantenían relaciones con personas de su mismo sexo estaban más relacionados con la figura del gran macho. De hecho, la homosexualidad de la antigüedad grecolatina más primigenia, en Esparta, Tebas o Creta, tenía mucho que ver con el adiestramiento para la guerra. El hombre adulto sometía al joven a una especie de rito de iniciación. Luego ese tipo de relación pasó a la esfera civil. Era lo que se conocía como pederastia, término que no tiene nada que ver con su significado actual.
¿En qué consistía entonces la pederastia de la época?
Era una relación entre dos hombres con una diferencia de edad notable. La pederastia no tenía nada que ver con abusar de niños, sino que formaba parte del rito por el que los muchachos pasaban a la vida adulta. Un hombre de treinta y tantos años podía relacionarse con un adolescente a quien adiestraba en todo tipo de cuestiones. Hasta que el hombre se casaba para cumplir la parte heterosexual de su vida: casarse con una mujer y tener hijos. Luego podía volver otra vez al gusto por lo que se denominaban los favoritos. Esas formas de homosexualidad estuvieron gobernadas por una libertad general en el mundo antiguo.
Hasta la irrupción del cristianismo.
Sí, porque cuando la religión cristiana se oficializó a partir de Constantino y, sobre todo, de Teodosio, la situación cambió. Aunque hay que decir que cuando aún era una religión perseguida, era bastante más tolerante. La iglesia primitiva aceptó que ciertos varones se unieran entre sí y recibieran su bendición para llevar un camino en común como una especie de amigos del alma. Pero cuando asumió el poder, el cristianismo se volvió la religión intolerante que hoy sigue siendo.
(Vía: noticiasdegipuzkoa<) Comparte este artículo